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domingo, 13 de enero de 2008

PERROS Y GATOS





Cuando YAJU-SAN salió de su casa, lo primero que vio fue a su perro jugueteando en el barro del jardín con el cuerpo sin vida de KAFI-Y
, el gato de su vecina y mayor enemiga. Era sábado, día de hacer mercado, y las primeras luces la dejaron observar aquél amasijo desaliñado que Virgilio olfateaba y removía de un lado a otro. Hizo cuentas al distinguirlo y, tras un rápido vistazo a los lados, llevó adentro el cadáver disimulándolo en la bata que vestía.Al constatar la rigidez de los restos embarrados, el frío de su vientre y advertir su pelaje marchito, tan lejos de su prístino albo impecable, pudo sentir el peso del tropel que se avecinaba. De llegar a enterarse, la bruja del lado era capaz de cualquier cosa, y saberlo, hizo que temiera por la suerte de Virgilio, su noble labrador, tan viejo como manso, que aunque ya no estaba para esos trotes, desafió la costumbre cual loro viejo que da la pata. yaju-san sabía que, tal como estaban las cosas, contar la verdad de lo sucedido no sería una opción cómoda para ella. Por tal, lo primero en que pensó fue en deshacerse de los restos, abandonándolos en cualquier parte, pero al final no quiso correr el riesgo de ser vista. Por un instante, enterrarlo en su propio patio fue la salida, pero la sola posibilidad de que la vecina hiciera de vidente y lo encontrase en sus dominios, como lo haría toda bruja que se respete, hizo que la desechara. Quemarlo con las hojas secas que caían del mango, aunque era un método seguro, superaba los límites de su capacidad para administrar crueldad, por mucho que fuera la mascota de quién se ganaba con facilidad sus tirrias. No había resolución que le acomodara y sólo decidió hacer algo tras escuchar el patinar del cerrojo en la puerta trasera de la casa contigua. Todos los días ocurría: la sobrina de la bruja, quién se levantaba primero, abría la puerta y se disponía hacer el café antes que su tía resucitara. Apresurada entonces, tomó un jabón, champú, acondicionador y colocó el cadáver en el lavadero.
Aquella era una enemistad criada con diligencia por años, desde que ellas junto a una gavilla de invasores poblaron a la fuerza lo que después se convertiría en el barrio actual. Fue pique a primera vista. Surgió sin existir algún motivo reconocible en forma clara, sin ningún detonante inicial, sin más justificación que la antipatía inmediata. Para la vecina, Yoju-San siempre fue una zorra indigna de su amistad por que tenía tres hijos de tres maridos, «De cada perro un cachorro»; y para esta, la vecina tenía nariz de puñal, ojos grises y risa chillona, todo de bruja, además vendía unos abalorios raros que se lo confirmaban. «Es una bruja con quién es mejor no tratar». Aunque en realidad una fue viuda tres veces y vendía cervezas en su casa para que sus tres hijos estudiaran, y la otra era una soltera por convencimiento dedicada hacer collares de semillas medicinales para hipertensos, la una siempre fue para la otra lo que resolvieron desde el principio: una puta, la otra bruja. Que se tenga noticia, no había existido vínculo alguno entre ellas, descontado alguna vez, cuando a través de terceros aunaron esfuerzos y un pequeño capital para construir el muro que separa los patios de ambas. Con eso se evitaron la extraña sensación de tropezarse las miradas mientras colgaban la ropa o mientras barrían el patio, además de evitar el paso libre del perro hacia donde la vecina y del gato a los predios de Yoju-san quién solía afirmar, convencida, que el gato era el animal que mejor le acomodaba a la bruja porque era marrullero, ingrato y capaz de bañarse con la lengua como la dueña. La vecina, que a su vez no se quedaba atrás en conclusiones del mismo calibre, aseguraba que las cosas se parecen a sus dueños y que como su enemiga tenía los mismos hábitos de una perra callejera en calor, no podía tener otra mascota.
Pues bien, el día que murió Kafi-y todo cambió. Después de bañarlo con agua abundante, champú y acondicionador Ana Narváez decidió que, además de limpiarlo, debía devolverle el brillo de la vida acicalándolo como para una fiesta de gala. Y así fue. Con maña y unas gotas limpió sus ojos, con laca acomodó su bigote, lo perfumó, y al peinarlo con el auspicio del secador, kAFI-Y poco a poco, recuperó su aspecto algodonoso del que tanto presumía la vecina. Cuando terminó el cepillado y algunos cortes, lo inspeccionó entrecerrando un ojo a la distancia que daban sus brazos, como un joyero examina una sortija, y la idea del detalle maestro que faltaba sobrevino como una chispa jocosa en medio de la tensión. Aunque lo pensó un poco, por la dosis de burla que contenía tal propósito, al final, emocionada por esta misma razón, buscó entre sus disfraces de carnaval un corbatín rojo, se lo puso y lo sentó sobre un cojín que encontró en los chécheres viejos. Cuidando vencer con disimulo la dureza de la muerte, instaló el gato sobre la almohadilla en una posición tan delicada que de inmediato reapareció su postura refinada, estaba más elegante que nunca. Lo puso en la mesa mientras se vestía para salir a mercar, lo miró con el corbatín otra vez y no pudo evitar que se le escapara una sonrisa «Parece de almanaque». Minutos después, se encaminaba al centro a hacer mercado, pero antes, con sigilo y a tiempo de no ser vista, colocó el arreglo en la terraza de la casa vecina, en frente de la puerta principal.
La vecina, un poco más tarde de lo acostumbrado, abrió la puerta que daba a la calle después de tomar el café que la sobrina había preparado. Al verlo así, regio, sentado cómodamente en un cojín perlado de la realeza felina, con esa mirada vívida y vestido de corbatín rojo, el pánico la embistió con su aliento fatídico hasta erizarla toda. Como si hubiese visto a la mismísima bestia de las seis cabezas, hubo de espabilar dilatando los ojos al límite, como dos huevos estrellados. El horror hizo que su grito se ahogara sin siquiera nacer y el mundo se fue disipando a fuego lento. De un estado líquido y plomizo la realidad pasó a uno gaseosa oscuridad total.
Al mediodía YOJU-SAN apareció en la esquina. Caminaba con una bolsa en cada mano cuando avistó al gentío que se agolpaba en la casa del lado. Al llegar, detuvo el paso y las caras no le anunciaron nada bueno.
—¿Qué pasó? —preguntó susurrando a KIMORO, el tendero.—La vecina. Se murió esta mañana. —respondió para que nadie escuchara. —¿Y eso?, ¿qué le pasó?—dejó caer las bolsas. —Al parecer un infarto. La sobrina dice que se les apareció el gato que habían enterrado a medianoche. —¿Cómo…?—Si. Ella dice que el KAFI-Y, así se llamaba, había estado agonizando desde ayer en la tarde. Parece que se envenenó. Mire — dijo señalando el jardín— allá lo enterraron cuando murió, donde está la tierra movida. La sobrina está mirando lejos, atembada del susto. A según, cuando salieron esta mañana estaba allí, vivito y coleando, que ella misma lo vio, vestido de corbatín rojo y sentado en un cojín. Qué vaina tan rara, ¿cierto?—Si. Raro. —contestó con una tonelada más en la conciencia.—Y lo peor no es eso. Lo peor es que el gato desapareció. Un rato después solo estaba el cojín…
No dijo una palabra. YOJU-SAN entró a su casa, tiró las bolsas en la cocina, y salió al patio por inercia. Siempre ha pensado que el demonio anduvo por ahí ese día: Virgilio, su perro, estaba allí jugueteando en el barro del patio con el cuerpo sin vida de KAFI-Y el gato de la que fue su vecina y mayor enemiga.

eL DIOS de la pobreza y el Dios de la fortuna


Hace mucho, mucho tiempo, en un pequeño pueblo vivía un hombre muy trabajador. Este a pesar de trabajar tanto vivía en la miseria ya que el dios de la pobreza habitaba tambíen la misma casa.
Un día decidió dejar de trabajar, cansado de ver que su situación no mejoraba en nada.
Todo el pueblo al ver que este hombre había perdido las esperanzas en una mejora de su situación decidieron presentarle una mujer que lo acompañe y para la cual continúe luchando por la vida, con quien se casó.
Ella era muy trabajadora.
El hombre que no quería que sólo ella trabaje, empezó nuevamente a trabajar con todos sus ánimos.
El dios de la pobreza al verlos esforzarse tanto dijo: "Cada día se me hace más difícil vivir aquí, ellos esforzándose tanto y mientras yo esté en esta casa no podrán dejar de ser pobres."
Al final de dicho año, el dios de la pobreza se encontraba llorando en el desván de la casa, la pareja al notarlo fueron a ver qué ocurría.
Ellos se sorprendieron y le preguntaron: "¿Quien eres?".
El les contestó: "Soy el dios de la pobreza. Durante mucho tiempo he vivido aquí pero ustedes trabajan tanto que muy pronto tendré que abandonar esta casa ya que vendrá el dios de la fortuna."
Ellos al escucharlo se sintieron muy tristes puesto que él era el dios que cuidaba la casa durante mucho tiempo. Lo invitaron a bajar a la habitación.
El hombre le dijo: "Queremos que se quede aquí con nosotros para siempre porque ésta es su casa", la mujer insistio : "Sí, está bien".
El dios de la pobreza se puso muy contento ya que era la primera vez que alguien lo había tratado con tanto afecto.
En ese momento vino el dios de la fortuna y dijo "¡Todavía estás aquí! ¡Fuera, rápido!
El dios de la pobreza contestó ¡No! ¡Esta casa es nuestra! y se abalanzó sobre el dios de la fortuna, pero no podía competir con él porque era muy delgado y el dios de la fortuna muy gordo.
Al ver eso los esposos le ayudaron y echaron de la casa al dios de la fortuna.
Este no entendía nada de lo que acontecía. Se preguntó a sí mismo: " Yo soy el dios de la fortuna ¿No?"
Al final, nunca pudieron llegar a ser ricos, pero, vivieron felices para siempre.
El dios de la pobreza todavía vive en el desván de la casa.
¡Y colorín coloradoeste cuento se ha acabado!.



el arco iris y el camaleon






El arco iris y el camaleón

Comienza así nuestra historia: Un camaleón orgulloso, que se burlaba de los demás por no cambiar de color como él. Pasaba el día diciendo: ¡Que bello soy!.¡No hay ningún animal que vista tan señorial!.Todos admiraban sus colores, pero no su mal humor y su vanidad.Un día, paseaba por el campo, cuando de repente, comenzó a llover.La lluvia, dio paso al sol y éste a su vez al arco iris.El camaleón alzó la vista y se quedó sorprendido al verlo, pero envidioso dijo: ¡No es tan bello como yo!.¿No sabes admirar la belleza del arco iris?: Dijo un pequeño pajarillo que estaba en la rama de un árbol cercano.Si no sabes valorarlo, continuó, es difícil que conozcas las verdades que te enseña la naturaleza.¡Si quieres, yo puedo ayudarte a conocer algunas!.¡Está bien!: dijo el camaleón.Los colores del arco iris te enseñan a vivir, te muestran los sentimientos.El camaleón le contestó: ¡Mis colores sirven para camuflarme del peligro, no necesito sentimientos para sobrevivir!.El pajarillo le dijo: ¡Si no tratas de descubrirlos, nunca sabrás lo que puedes sentir a través de ellos!.Además puedes compartirlos con los demás como hace el arco iris con su belleza.El pajarillo y el camaleón se tumbaron en el prado.Los colores del arco iris se posaron sobre los dos, haciéndoles cosquillas en sus cuerpecitos.El primero en acercarse fue el color rojo, subió por sus pies y de repente estaban rodeados de manzanos, de rosas rojas y anocheceres.El color rojo desapareció y en su lugar llegó el amarillo revoloteando por encima de sus cabezas. Estaban sonrientes, alegres, bailaban y olían el aroma de los claveles y las orquideas.El amarillo dio paso al verde que se metió dentro de sus pensamientos.El camaleón empezó a pensar en su futuro, sus ilusiones, sus sueños y recordaba los amigos perdidos.Al verde siguió el azul oscuro, el camaleón sintió dentro la profundidad del mar, peces, delfines y corales le rodeaban.Daban vueltas y vueltas y los pececillos jugaban con ellos.Salieron a la superficie y contemplaron las estrellas. Había un baile en el cielo y las estrellas se habían puesto sus mejores galas.El camaleón estaba entusiasmado.La fiesta terminó y apareció el color azul claro. Comenzaron a sentir una agradable sensación de paz y bienestar.Flotaban entre nubes y miraban el cielo.Una nube dejó caer sus gotas de lluvia y se mojaron, pero estaban contentos de sentir el frescor del agua.Se miraron a los ojos y sonrieron.El color naranja se había colocado justo delante de ellos.Por primera vez, el camaleón sentía que compartía algo y comprendió la amistad que le ofrecía el pajarillo.Todo se iluminó de color naranja.Aparecieron árboles frutales y una gran alfombra de flores.Cuando estaban más relajados, apareció el color añil, y de los ojos del camaleón cayeron unas lagrimitas. Estaba arrepentido de haber sido tan orgulloso y de no valorar aquello que era realmente hermoso.Pidió perdón al pajarillo y a los demás animales y desde aquel día se volvió mas humilde.

sábado, 12 de enero de 2008

EL CUENTO DE MOMOTARO

Momotaro"Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar vivía una pareja de ancianos.Un día el anciano salió a la montaña a recoger leña mientras que la ancianita fue al río para lavar ropa, en eso un enorme melocotón bajaba por el río, aguas abajo.Ella lo recogió y se lo llevó a casa. El anciano al llegar a casa se sorprendió al ver tan enorme melocotón! y dijo: "¡Qué melocotón tan grande!, ¿lo cortamos? y la anciana contestó: "¡Sí, vamos a cortarlo!".En ese momento el melocotón empezó a moverse y de su interior salió un niño.Los ancianos se sorprendieron al ver a un niño salir de aquel enorme melocotón, y a la vez, una gran alegría los embargó al ver en él al hijo que no tenían."¡Lo llamaremos Momotaro! porque nació de un "momó" (*1)Momotaro comía mucho y creció fuerte y robusto. Nadie podía rivalizar con él, pero había algo que preocupaba a los ancianos, éste no pronunciaba ni una sola palabra.Por esos días unos demonios estaban causando alboroto y cometiendo fechorías por todo el pueblo. Ante eso, Momotaro pensaba dentro de sí: "¡Esta situación no lo puedo tolerar!".Un día, de repente comenzó a hablar y dijo a sus padres: "¡Voy a subyugar a los demonios! Por favor ayúdenme con los preparativos para mi salida." Los ancianos se quedaron sorprendidos al escuchar por primera vez la voz de Momotaro.El anciano, luego de reponerse de la sorpresa, se dirigió a Momotaro diciéndole: "Hijo, es mejor que desistas de hacer cosas tan peligrosas".Pero los ancianos al ver la determinación de Momotaro, decidieron ayudarle en lo posible con su empresa. Le entregaron ropas nuevas y de alimento la ancianita le había preparado "kibi dango" (*2).Momotaro partió hacia la isla de los demonios. Los ancianos rezaban a dios para que su hijo se encontrara sano y salvo. Este se encontró en el camino con un perro. El perro le dijo: "¡Oiga! Déme un "dango" por favor. Si me lo da le ayudo". Momotaro le entregó un "dango" y empezaron a caminar juntos.Momentos después se encontraron con un mono, el cual pidió a Momotaro lo mismo que el perro. Momotaro tomó un "dango" y se lo entregó, y los tres empezaron la marcha nuevamente.En el camino a la isla del demonio, encontraron a un faisán, el cual pidió lo mismo que los anteriores y se unió al grupo.Pasaron unos días y llegaron por fin a la "isla de los demonios". El faisán realizó un vuelo de reconocimiento y al volver dijo:"Ahora todos están tomando Sake (*3)". Momotaro pensó que era una buena ocasión y dijo:"Vamos".Pero no podían entrar porque el portón estaba cerrado. En ese momento el mono saltó el portón y abrió la cerradura.Los cuatro entraron a la vez y los demonios quedaron sorprendidos al verlos. El perro mordió a un demonio, el mono arañó a otro mientras que el faisán picoteaba a un tercero.Momotaro dio un cabezazo al jefe de los demonios y le dijo: "¡Ya no hagan cosas malas!".Los demonios contestaron: "¡Nunca más lo haremos!, ¡perdónanos!".Momotaro los perdonó y recobró el tesoro robado, volviendo a casa sano y salvo con sus amigos.Momotaro estaba muy contento de haber realizado su sueño. ¡Y colorín coloradoeste cuento se ha acabado! (*1) "momó" : melocotón en japonés.(*2) "kibi dango" : bola hervida de harina de mijo, parecida a una pequeña albóndiga (*3) "sake" : es un licor japonés elaborado con arroz.
Es un pequeño muñeco de color rojo y forma esférica, y representado habitualmente con bigote y barba; pero sus ojos están blancos. Puede ofrecerse como presente de Año Nuevo, cumpleaños o para alguien con un objetivo/proyecto en el cual perseverar. Pueden ser de cualquier material: paper maché, cerámica, madera, metal...